Vaya por delante que yo nunca he hecho un corte de orejas a un perro, ni cuando era legal, siempre me ha parecido un sufrimiento injustificado, bastantes problemillas tenemos todos en la vida como para andar creando más innecesariamente.
Me alegra infinitamente que ahora sea ilegal, aunque me da que igual se podía haber hecho algo hace unas docenas de años, que estamos en 2018. Bueno, más vale tarde que nunca.
El corte de orejas tendría su origen hace muchos años en temas de que si se mordían unos perros a otros en las peleas, que si se hacían daño con las zarzas al ir a cazar, que tal y que cual, pero está claro que hoy en día el Gran Danés (Dogo Alemán) de 1200€ que vive en una ciudad o urbanización a las afueras no va a ir a cazar osos por la Selva Negra este fin de semana aunque haga bueno. Hoy por hoy, digamos desde que se prohibieron las peleas de perros (ojo, que esto es de 2008!, tampoco nos hemos dao prisa con esto…), la única motivación es la estética, vamos, la moda.
Es cierto que hace muchos muchos años, a finales de los 80, cuando veías un Doberman con las orejas sin cortar se hacía raro, pero luego te acostumbras y lo raro ahora es ver un Doberman, ya no te digo verlo con las orejas cortadas aunque aún hay alguno.
La razón por la que no lo he hecho nunca es porque he visto muchos perros a los que se les había hecho y he tenido que llevar el postoperatorio de muchos de ellos. Lo malo no es la cirugía en sí y su motivación más o menos justificada, al fin y al cabo durante la cirugía el perro está anestesiado raso y no se entera de nada ni va a cuestionar a su dueño “oye jefe, esto de las orejas, exactamente porque me lo has hecho?”, recuerdo que un profesor mío de EGB cuando me echaba la bronca me decía “te voy a cortar las orejas!!!”, no lo llegó a hacer con ninguno y mira que en mi clase había de todo. Bueno, volviendo a las orejas de los perros, lo malo es el postoperatorio, cada día o cada dos días hay que quitarles unos vendajes que se les ponen que parecen un toro embolado, curar la zona del corte y volver a vendar, esto durante 2 semanas si va todo rodao. Y cada cambio de vendaje el pobre cachorro llora, gruñe, gime, patalea, se revuelve y no te muerde, con razón, porque lleva bozal. Por supuesto esto no ayuda en la relación paciente-veterinario y el bicho se va de la consulta acordándose por orden alfabético inverso de toda tu familia presente, pasada y futura. Una gran mayoría de los propietarios durante el postoperatorio en algún momento dicen “ay pobre, si lo sé no se lo hago” y yo he visto parejas discutir agriamente por “lo que le has hecho a mi perro!”, “te lo tendrían que hacer a ti!” y otras propuestas de mutilación selectiva que no vamos a reproducir aquí.
Y todo esto si va bien y quedan unas orejas “bonitas”, que de vez en cuando aquellas orejas por la razón que sea cicatrizan como no deben y quedan unas chapuzas estéticas que no las arreglan ni Terry Dubrow y Paul Nassif los de la tele y acabas con un doberman que si lo miras por la izquierda da miedo y por la derecha da pena, que quiere matar a su veterinario porque tiene un trauma de infancia y que te ha costado la pareja y una cantidad indeterminada de tiempo y dinero.
Poco a poco se va avanzando en esto del respeto a los animales, ya es ilegal que se maten en peleas, la zoofilia (desde 2015), mutilarlos, agredirlos, abandonarlos, espectáculos en los que se les denigra (lo de los monos vestidos, la cabra y el organillo… esas cosas)… Digo yo que antes o después entraremos también en lo de los toros, pero ese tema es más peliagudo.
Vamos adaptando lentamente una normativa europea… de 1987. Ojo, que esto es de hace más de 30 años y aún no la hemos terminado. Yo fui de prácticas un verano a Dinamarca en 1993 y ahí ya estaba prohibido entonces cortar las orejas (y la gente se iba a Alemania a hacerlo). Creo que hemos sido más eficientes adaptando las normas sobre los cinturones de seguridad, fumar en los bares, el IVA, hasta el roaming de los móviles!
En fin, que aunque haya llegado tarde para muchos, por lo menos ha llegado y yo estoy contento, una cosa menos en la lista.

