Leo es un perro de raza grande que desde pequeño ha tenido cojeras intermitentes en las patas de delante ( extremidades anteriores). Cuando Leo era cachorro era fácil pensar que eran “ problemas de crecimiento”, “estos perros tan grandes, ya se sabe”, “además no se queja, no le debe doler, solo cojea”.
Aquí tenemos un primer problema de interpretación: cuando un perro cojea de la extremidad que sea, es porque le duele. No hace falta que gima de dolor o que llore, pero le duele, si no apoyaría bien y andaría sin cojear.
Por otro lado un perro (o una persona) puede tener un episodio de cojera por un golpe o un mal gesto, pero sería mucha casualidad que frecuentemente se esté llevando golpes en la misma articulación. Si se repite varias veces hay que buscar una explicación distinta al golpe.
Ahora Leo tiene 5 años, pesa 35 kilos y tiene inicio de artrosis en los dos codos, aunque el izquierdo está peor que el derecho. “Claro, pobre Leo, cojea porque tiene artrosis”. Pues no exactamente.
Leo tiene displasia de codo, que ahora, a sus 5 años y (sobretodo) 35kg ha provocado artrosis en esos codos. En el caso concreto de Leo su problema se llama fragmentación del proceso coronoides medial (FMCP), últimamente lo llamamos “enfermedad del coronoides” que suena mejor y parece que duele menos. Hay otros procesos que se engloban dentro del concepto de displasia de codo, pero Leo bastante tiene con sus coronoides.
Displasia significa “crecimiento anómalo” en griego. Displasia de codo es que los codos no se desarrollan como deberían por varias razones. Hay un componente genético y otra parte que depende de la alimentación, ejercicio, peso, etc.
El codo es una articulación muy compleja porque está formada por un único hueso arriba (el humero) que se apoya en dos huesos debajo (cúbito y radio). Si durante el crecimiento el cúbito y el radio no van coordinados y uno crece más y más rápido que el otro, el húmero se apoya en un escalón en lugar de una superficie lisa y ahí empiezan los problemas, porque el humero carga todo el peso en una esquinita y esta se rompe. Esa esquinita del cúbito es ese proceso coronoides medial del que hablábamos antes.
Bueno, ¿y qué podemos hacer por Leo?
Lo primero es diagnosticar correctamente por qué cojea. Esto es más complicado de lo que parece, recordemos que Leo no habla.
En ocasiones tenemos perros más “duros” que otros que no muestran dolor cuando los exploras, o el extremo contrario, que se quejan donde les duele y donde no y tampoco te da información fiable.
A veces tenemos perros que hoy están incómodos de la muñeca (el carpo) porque han estado apoyando mal el peso por una lesión crónica de codo; el origen del problema es el codo pero estos días lo que le duele es la muñeca, y despista al veterinario.
Explorando a Leo y sabiendo dónde y cómo tocarle se le veía que le molestaban los codos, los dos, así que el siguiente paso es hacer unas radiografías. Unas buenas radiografías. La pena es que el coronoides está en una zona muy difícil de ver radiográficamente. En las radiografías veíamos cambios que nos iban confirmando que el problema era el coronoides, pero verlo verlo, lo que se dice verlo, no lo veíamos porque los rayos X llegan hasta donde llegan y hay cosas que no se ven ni con todas las radiografías del mundo.
¿Y ahora qué? Pues tenemos dos opciones: un TAC y una artroscopia.
El TAC nos enseña el hueso mejor que las radiografías, es una imagen muy compleja y si el aparato es bueno hasta te hacen una reconstrucción en 3D en la que se puede “apartar” lo que molesta para ver bien lo que quieras ver
Pero la grandísima ventaja de la artroscopia sobre el TAC es que vemos la articulación por dentro con una cámara minúscula que introducimos en el codo, diagnosticamos el problema y además lo podemos operar, así que decidimos hacer una artroscopia.
En la artroscopia pudimos ver el fragmento del coronoides, lo quitamos (eso se llama coronoidectomía subtotal) y además hicimos una cirugía que se llama PAUL, como McCartney, que ahora os cuento en que consiste.
La PAUL (osteotomía abductora cubital proximal) es una técnica muy avanzada que nos permite modificar como se distribuyen los pesos en la articulación del codo, solucionando eso que decíamos antes que era el origen del problema: que el humero se apoyaba en un escalón (el coronoides) en lugar de en una superficie lisa. Así no solo tratamos la consecuencia del problema, que es la fragmentación del coronoides, sino que tratamos la causa del problema, que es esa displasia de codo y el escalón provocado porque el cúbito y el radio no se pusieron de acuerdo de pequeños para crecer a la vez y en paz, que hubiese sido más fácil y mejor para el pobre Leo.
Poco a poco Leo se va recuperando de su cirugía y va apoyando el codo con más alegría y pudiendo hacer cosas que hacía años que no podía por el dolor.
A parte de Leo hemos hecho ya unas cuantas de estas intervenciones tanto en animales jóvenes (de menos de un año) como en perros ya adultos, no vale para todos los codos pero mejora un montón la calidad de vida de muchos perros, y de eso se trata.

